Colocá las berenjenas y los morrones directamente sobre la hornalla a fuego medio/alto. Giralos cada tanto para que se quemen de manera pareja hasta que la piel quede bien negra.
Una vez completamente quemados por fuera, retiralos del fuego y colocalos inmediatamente dentro de una bolsa o recipiente cerrado. Dejalos reposar hasta que estén tibios.
Abrí la bolsa y pelá suavemente. No los limpies del todo: dejá aproximadamente un 25% de lo quemado para potenciar el sabor ahumado.
Picá tanto la berenjena como los morrones lo más chico posible. La idea es que quede bien integrado, casi como una mezcla gruesa.
Si decidís usar ajo, picarlo bien fino e incorporarlo en este momento.
Colocá un poco de aceite de oliva en el fondo de un frasco limpio.
Agregá la mezcla picada y cubrí completamente con más aceite hasta que todo quede bien sumergido.
Condimentá a gusto con sal, pimienta y, si querés, un toque de vinagre, orégano o ají molido.
Mezclá suavemente dentro del frasco, cerrá y llevá a la heladera al menos 12 horas antes de consumir para que los sabores se integren bien.
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