PARTE 2
Las manos de Carmen temblaban descontroladamente mientras arrancaba más pedazos de adobe. El polvo le entraba en los ojos, pero no le importó. Detrás de la pared falsa, había 1 gran caja de metal pesado y oxidado. Con mucho esfuerzo, logró sacarla y ponerla sobre el piso de tierra. Sus 3 hijos seguían profundamente dormidos, ajenos al momento que cambiaría sus vidas para siempre.
Carmen tomó 1 piedra gruesa y golpeó el viejo candado de la caja hasta que se rompió con 1 chasquido seco. Al levantar la tapa, la luz de la linterna iluminó un tesoro que la dejó sin aliento. Adentro había fajos gruesos de billetes, cientos de centenarios de oro puro de 50 pesos que brillaban con intensidad, y joyas antiguas incrustadas con diamantes y esmeraldas. Pero lo que hizo que Carmen rompiera en llanto fue 1 sobre de papel viejo. Al abrirlo, reconoció la letra temblorosa de doña Elena.
La carta decía: “Mi querida Carmen. Si estás leyendo esto, es porque demostraste tener 1 corazón puro y no vendiste mi vieja choza. Mis 3 hijos son unos buitres codiciosos que solo esperaban mi muerte. Sabía que si te dejaba dinero en el banco, te lo quitarían con abogados sucios. Por eso te heredé la casa donde yo nací, mi verdadero refugio. En estas paredes escondí la fortuna secreta de mi familia. Hay 4 cajas más escondidas en los demás cuartos. Todo es tuyo. Úsalo para darle 1 gran vida a tus 3 ángeles. Que Dios te bendiga siempre por haberme cuidado cuando mi propia sangre me dio la espalda”.
Lágrimas gruesas rodaron por las mejillas de Carmen. ¡Dios no la había abandonado! Esa misma noche, sin hacer ruido, rompió el resto de las paredes marcadas y encontró las otras 4 cajas. Había millones de pesos en valor. Antes del amanecer, envolvió las cajas en cobijas viejas y las enterró profundamente bajo 1 gran árbol de mezquite en el patio trasero, borrando cualquier rastro.
La vida parecía tomar 1 nuevo rumbo, pero la maldad no descansaba. 2 días después, 1 lujosa camioneta negra levantó 1 nube de polvo frente a la choza. Era Mauricio. Bajó del vehículo con sus costosos lentes de sol, mirando el lugar con asco.
“Vaya, sigues aquí”, dijo con 1 sonrisa torcida. “Vengo a hacerte 1 favor, muerta de hambre. Te ofrezco 50000 pesos por esta basura. Firma los papeles ahora mismo y lárgate”.
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