Volvió de madrugada dispuesto a imponer miedo, pero encontró a una madre temblando, un niño ardiendo en fiebre y una confesión devastadora: “Solo necesitaba una noche más”, justo antes de descubrir que ambos ya estaban marcados para morir.
Cuando Vicente Cavada regresó a su mansión a las 2 de la madrugada con sangre seca en el puño de la camisa y un nudillo morado, esperaba encontrar lo único…









