Parte 2

Parte 2

Parte 2: El Laberinto de Oro y la Verdad Sangrienta

El silencio en el estudio era sepulcral, solo roto por el sonido de mi propia respiración agitada. Miré de nuevo el sobre. No solo había dinero y contratos; había fotos mías de hace diez años. Fotos saliendo de la universidad, fotos de mi primer embarazo, fotos llorando en el parque el día que mi exmarido desapareció. Richard no me amaba; Richard estaba obsesionado conmigo. Había construido una jaula de oro mucho antes de que yo supiera que él existía.

El Enfrentamiento en la Penumbra

Mientras sostenía aquellas fotos con manos temblorosas, las lágrimas se congelaron en mis ojos y un escalofrío recorrió mi columna vertebral. De repente, la luz del estudio se encendió. Richard estaba allí, apoyado en el marco de la puerta con una calma aterradora. Se acercó y puso sus manos sobre mis hombros; sentí que eran como dos bloques de hielo.

—Sé que estás en shock —dijo Richard, mirando mi foto con una frialdad absoluta—. Pero piénsalo con lógica. Ese hombre al que llamabas esposo, te vendió por 2 millones de dólares. ¿Sabes qué hizo con ese dinero? Se fue a Mónaco, perdió la mitad en el casino en una semana, se casó con otra y malgastó el resto. Él está viviendo su vida, mientras tú habrías desperdiciado la tuya esperando un espejismo.

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