—No digas nada todavía… —susurró Richard—. Esto puede salvarnos.

—No digas nada todavía… —susurró Richard—. Esto puede salvarnos.

—No digas nada todavía… —susurró Richard—. Esto puede salvarnos.

Las voces arriba se acercaban.

Risas.

Pasos.

Gente.

Mi corazón latía con una fuerza que dolía más que la caída.

—¿Qué quieres decir? —murmuré, apenas moviendo los labios.

Richard apretó mi mano.

—Ethan… no sabe.

Silencio.

—¿No sabe qué?

Richard respiró hondo.

—Que su padre biológico… sigue vivo.

Sentí que el mundo volvía a inclinarse.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top