PARTE 1
El sol caía a plomo sobre la carretera de tierra seca en las afueras de 1 pequeño pueblo en el estado de Jalisco, marcando casi 40 grados a la sombra. La pequeña Valentina, de apenas 8 años, sostenía 1 vieja bolsa de plástico que contenía 1 suéter roto y 1 muñeca de trapo sin un ojo. Su madrastra, Leticia, la había bajado a empujones de 1 camioneta oxidada, gritando que iba a buscar agua a la tienda del cruce y que no se moviera. Pero la camioneta aceleró, levantando 1 nube de polvo, y nunca regresó. Valentina se quedó sola junto a 1 vieja cabaña en ruinas rodeada de agaves marchitos, sin comprender por qué la mujer que debía cuidarla tras la muerte de su padre la había dejado allí.
Pasaron 5 horas. El atardecer comenzó a teñir el cielo de tonos anaranjados y morados, y el viento del desierto empezó a helar sus pies descalzos. Valentina temblaba, con el estómago rugiendo por el hambre, pues no había comido nada en 2 días. Fue entonces cuando 1 lujoso coche negro se detuvo al borde del camino. De él bajó 1 hombre alto, vestido con 1 traje impecable. Su nombre era Alejandro, de 35 años, el CEO de 1 importante empresa tequilera de Guadalajara. Alejandro se arrodilló frente a la niña, ensuciando sus rodillas en la tierra polvorienta. Sus ojos reflejaban 1 honestidad y 1 cansancio que Valentina nunca había visto en los adultos.
“¿Estás sola aquí?”, preguntó Alejandro con 1 voz suave. Valentina asintió lentamente, apretando su bolsa de plástico. “La persona que te trajo… ¿dónde está?”. Valentina miró hacia la carretera vacía y murmuró: “Se fue”. Alejandro observó la cabaña destruida, sintiendo 1 ira profunda hervir en su interior. Sabía que 1 niña no podía sobrevivir la noche en ese lugar, expuesta al frío y a los coyotes. “Me llamo Alejandro, y no te voy a dejar aquí”, sentenció con firmeza. Le extendió 1 mano grande y cálida. Valentina, tras dudar 1 segundo, tomó su mano.
El interior del coche olía a cuero nuevo. Alejandro le entregó 1 paquete de galletas y 1 botella de agua. Valentina comió desesperadamente mientras el coche avanzaba hacia la ciudad. En 40 minutos, llegaron a 1 inmensa mansión en la zona más exclusiva de Guadalajara. Allí los recibió Doña Carmen, 1 ama de llaves de 60 años con 1 delantal impecable, quien se llevó las manos al rostro al ver el estado de la niña. Doña Carmen le preparó 1 baño caliente y le sirvió 1 plato hondo de caldo de pollo con arroz y tortillas hechas a mano. Valentina comió llorando, sintiendo por primera vez en años que alguien la trataba con dignidad.
Alejandro le asignó 1 habitación enorme con 1 cama suave como las nubes. Durante 3 días, Valentina vivió en 1 sueño, rodeada de cuidados, comida caliente y el cariño maternal de Doña Carmen. Alejandro canceló 3 reuniones importantes solo para llevarla a comprar ropa nueva. Sin embargo, el infierno no había terminado. La tarde del cuarto día, los gritos histéricos en la entrada principal rompieron la paz. Alejandro corrió hacia el vestíbulo y encontró a Leticia, la madrastra, forcejeando con el guardia de seguridad. Leticia había visto a Alejandro en las noticias locales y descubrió su inmensa fortuna. Con 1 sonrisa retorcida y la mirada llena de codicia, Leticia agarró a Valentina del brazo con 1 fuerza brutal, haciéndola gritar de dolor. “¡Es mi hija y me la llevo, a menos que me pagues 5 millones de pesos ahora mismo!”, rugió la mujer. Alejandro apretó los puños, pero al mirar los ojos de la madrastra, descubrió 1 detalle espeluznante que lo cambió todo. No podía creerlo. Es increíble lo que está a punto de suceder…
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