María Susini sorprendió en la alfombra roja con sus hijos India y León, fruto de su relación con Facundo Arana, y estalló el debate por su parecido — Fotos

María Susini sorprendió en la alfombra roja con sus hijos India y León, fruto de su relación con Facundo Arana, y estalló el debate por su parecido — Fotos

María Susini reapareció en un evento de cine con sus hijos India y León. Las similitudes con Facundo Arana motivaron comentarios en las plataformas.

María Susini asistió a una función especial junto a India y León Moro. Los herederos de Facundo Arana lucieron vestuarios oscuros ante las cámaras. Esta salida pública ocurre meses después de los reportes sobre su separación con el actor. La dinámica de la familia capta la atención del público.

A continuación, repasaremos los atuendos en la función y el debate en redes por los parecidos. También hablaremos sobre las recientes confesiones televisivas de Susini, un presunto incidente médico y abordaremos los motivos de su separación.

Nueva aparición pública y estilos coordinados

María Susini mantiene su relevancia en el mundo del espectáculo con asistencias recurrentes a eventos de moda y cine. De manera simultánea, la figura pública atiende a tiempo completo las necesidades de los tres hijos que tuvo en su extenso matrimonio con Facundo Arana.

La celebridad concurrió a la primera proyección en Argentina del filme sobre la vida de Michael Jackson. India y León Moro, dos de sus herederos, escoltaron a su madre en la alfombra roja con prendas oscuras y detalles brillantes acordes a la temática de la velada musical.

La presentadora seleccionó un top sin mangas con escote en V, con un diseño similar a un corpiño, el cual posee adornos en su totalidad con pequeños cristales negros. La exmodelo completó la prenda superior con unos pantalones de mezclilla negra con tachas y un notorio efecto desgastado.

Para finalizar su vestuario nocturno, Susini optó por un calzado de cuero con plataformas y aros circulares plateados. El cabello suelto con ondas naturales, el delineado de ojos, el rubor y el brillo labial completaron su cuidado aspecto estético ante las cámaras de los fotógrafos.

India, la hija mayor, vistió un top lencero de tirantes finos con detalles de strass plateado con bordados en forma diagonal. La adolescente combinó la pieza con pantalones anchos de mezclilla oscura, zapatos con terminación en punta y una cartera negra con flecos en sintonía con las tendencias de su generación.

León Moro, uno de los mellizos, lució vestimenta completamente oscura en armonía visual con su madre y su hermana. El varón llevó una chaqueta de cuero negra, pantalones tipo cargo y botas de cuero a tono. Su arreglo capilar consistió en un corte rapado a los lados con una cresta de estilo punk y un copete rubio platinado peinado hacia atrás con fijador húmedo. Desliza abajo para vez todas las fotos:

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Una niña de 12 años le envió un mensaje a su tía pidiéndole 20 dólares para comprar leche… pero lo mandó al número equivocado, y el millonario que respondió cambió su vida para siempre… Una niña de 12 años le pidió dinero a su tía para comprar leche para su hermanito… pero por un simple error, el mensaje terminó en manos de un millonario… Y ese malentendido reveló un secreto que cambiaría una vida… no, cambiaría muchas vidas. Me llamo Emily Carter. Y aunque solo tenía doce años… mis ojos ya habían visto cosas que ningún niño debería tener que comprender. No fue algo que elegí. Fue algo que la vida me obligó a aprender… sin preguntar. Vivíamos en una casa pequeña y destartalada en las afueras de Detroit. De esas donde el viento no llama a la puerta… simplemente entra. Donde el frío se filtra por las paredes, incluso en los días soleados. Donde cada noche, no sabes si dormirás en paz… o si el hambre te despertará antes del amanecer. Mi mamá trabajaba limpiando casas. Salía antes de que saliera el sol… y volvía cuando ya se había puesto. Siempre estaba cansada. Tenía las manos ásperas. La espalda encorvada. Pero aun así sonreía. No porque estuviera feliz… sino porque no quería que dejáramos de existir. En casa… solo estábamos Noah y yo. Noah… mi hermanito. Tenía solo un año. No entendía el mundo. No entendía el dinero. No entendía por qué a veces había comida… y a veces no. Pero su cuerpo sí lo entendía. Y lloraba. Esa tarde… no paraba de llorar. No eran lloriqueos. No era quejido. No era irritabilidad. Era hambre. Del tipo que duele. De esas que las palabras no pueden calmar. “Oye… está bien, cariño…” susurré, abrazándolo fuerte. “Encontraré algo para ti… te lo prometo.” Fui a la cocina. Una vez. Dos veces. Tres veces. Como si a la tercera fuera a aparecer algo. Abrí los cajones. Nada. Los armarios. Vacíos. La nevera… y por un segundo… creí de verdad que habría algo. Pero no había nada. Solo frío. Solo silencio. Solo el eco de lo que no teníamos. Un nudo se me formó en la garganta. Pero no podía llorar. No entonces. Porque si lloraba… ¿quién consolaría a Noah? Entonces recordé algo. Mi tía. A veces nos prestaba dinero. No siempre. Pero a veces. Y “a veces” era suficiente para intentarlo. Tomé el viejo teléfono de mi mamá. La pantalla estaba rota. Se trababa. 👇 PARTE FINAL EN LOS COMENTARIOS 💬 (Sé que tienen mucha curiosidad por la siguiente parte, así que si quieren leer más, ¡dejen un comentario con un "SÍ" abajo!)

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