
Me quedé en silencio unos segundos después de que dijera aquellas palabras.
El nombre Mateo quedó flotando en la habitación como algo que llevaba años sin pronunciarse en voz alta.
—¿Por qué no volvió? —pregunté en voz baja.
Doña Carmen sonrió con una tristeza tranquila, como si aquella historia ya hubiera sido llorada muchas veces.
—Porque se fue lleno de orgullo. Y la gente orgullosa no vuelve fácilmente.
Guardé silencio.
—¿Y ahora? ¿Sabe que está enferma?
Doña Carmen negó lentamente con la cabeza.
—No. O al menos no todo. Diego nunca le contó la verdad completa.
Sentí que algo empezaba a encajar en mi mente.
—Pero Diego habló con él.
Sus ojos se volvieron más atentos.
—¿Escuchaste algo?
Asentí.
—Solo unas frases. En francés. Decía que no era buena idea que viniera.
Doña Carmen suspiró profundamente.
—Mateo siempre fue terco… —murmuró—. Y Diego se parece a él más de lo que quisiera admitir.
—¿Por qué no quiere que venga?
—Porque teme que todo vuelva a abrirse.
—¿Qué cosa?
Doña Carmen cerró los ojos un momento.
—El pasado. Las viejas heridas. Lo que ocurrió entre nosotros.
El silencio se instaló en la habitación.
Luego añadió, casi para sí misma:
—A veces es más fácil vivir lejos que enfrentarse a los recuerdos.
Nos quedamos calladas durante un rato.
Finalmente dije:
—Pero tiene derecho a saberlo.
Doña Carmen me miró con una mezcla de esperanza y miedo.
—¿Crees que aún hay tiempo?
No supe qué responder.
Aquella noche bajé a la cocina.
Diego estaba sentado frente a la mesa con el portátil abierto. La luz de la pantalla iluminaba su rostro cansado.
Cuando me vio, cerró el ordenador lentamente.
—¿Está dormida? —preguntó.
—Sí.
Dudé un momento, pero al final dije:
—Hablamos de Mateo.
Su rostro se endureció.
—Eso no era asunto suyo.
—Quizá no. Pero ella lo espera.
Diego se pasó la mano por el cabello.
—Usted no entiende.
—Entonces explíqueme.
Guardó silencio unos segundos.
—Si Mateo viene… todo se complicará.
—¿En qué sentido?
—La casa. La herencia. Las viejas discusiones.
Negué con la cabeza.
—Ella no está pensando en dinero. Solo quiere ver a su hijo.
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